En el Día Internacional del Condón, la Dra. Rosa Infante, del Policlínico Socios En Salud (Policlínico SES), explica cómo previene el VIH y otras infecciones en Perú.
Cada 13 de febrero se conmemora el Día Internacional del Condón, una fecha que recuerda la importancia de esta herramienta en la prevención de infecciones de transmisión sexual (ITS) y embarazos no planificados. Para el Ministerio de Salud (MINSA), las ITS continúan siendo una carga significativa para la salud pública, con miles de casos de clamidia, gonorrea y sífilis reportados anualmente en adolescentes y adultos jóvenes, mientras que hasta un 98% de casos de VIH en el país, según Essalud, se presenta por relaciones sexuales sin preservativo.
Los condones —masculinos y femeninos— figuran entre las intervenciones más costo-efectivas en salud sexual y reproductiva. Su accesibilidad y bajo costo los convierten en una estrategia prioritaria para reducir la transmisión de múltiples ITS y contribuir a la salud reproductiva. Las cifras del Sistema de Vigilancia Epidemiológica del MINSA muestran que, pese a los avances en educación y acceso a pruebas de detección, gran parte de las infecciones sigue ocurriendo en personas que no usan métodos de barrera de manera consistente.
En este marco, la doctora Rosa Infante del Policlínico Socios En Salud (Policlínico SES) responde las preguntas más frecuentes sobre el rol del condón en la salud sexual y reproductiva, aclarando dudas comunes y aportando recomendaciones basadas en evidencia científica y práctica clínica.
¿Por qué el condón sigue siendo una de las herramientas más eficaces para prevenir ITS?
El condón funciona como una barrera física que impide el paso de fluidos corporales —como semen o secreciones vaginales— y, con ellos, los microorganismos responsables de muchas ITS. Cuando se usa de forma correcta y constante desde el inicio hasta el final de cada relación sexual (sean relaciones vaginales, anales u orales), su efectividad general puede alcanzar hasta un 98% en la reducción de la transmisión de infecciones.
Este nivel de eficacia depende de un uso cuidadoso en cada encuentro sexual. A diferencia de otras estrategias que requieren una intervención externa (como vacunas o tratamientos preventivos), el condón actúa en el momento mismo del contacto al bloquear la transmisión de agentes infecciosos dentro de los fluidos corporales.
¿De qué infecciones protege y con qué eficacia?
Con uso adecuado, el condón ofrece alta protección contra varias ITS:
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- VIH/SIDA: puede reducir el riesgo de transmisión en aproximadamente 80% a 90% al evitar que el virus contenido en el semen o fluidos vaginales entre en contacto con membranas mucosas (recto, vagina o uretra).
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- Gonorrea y Hepatitis B/C: El uso correcto puede disminuir el riesgo de transmisión en hasta 90% en estas infecciones, ya que bloquea la exposición directa a los agentes causantes.
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- Tricomoniasis: También muestra una reducción significativa con el uso sistemático de condones.
Sin embargo, en infecciones como la clamidia, la reducción del riesgo es alrededor de 60%; en herpes genital (VHS-2), entre 40% y 50%, y en Virus del Papiloma Humano (VPH) la protección no es total porque este puede estar presente en zonas de la piel que el condón no cubre. Con sífilis, la protección es limitada si las lesiones (chancros) se encuentran fuera del área cubierta por el preservativo.
- Tricomoniasis: También muestra una reducción significativa con el uso sistemático de condones.
Sin embargo, en infecciones como la clamidia, la reducción del riesgo es alrededor de 60%; en herpes genital (VHS-2), entre 40% y 50%, y en Virus del Papiloma Humano (VPH) la protección no es total porque este puede estar presente en zonas de la piel que el condón no cubre. Con sífilis, la protección es limitada si las lesiones (chancros) se encuentran fuera del área cubierta por el preservativo.
A pesar de estas variaciones, el condón sigue siendo una herramienta clave para disminuir la exposición global a estos agentes.
¿Cómo ayuda el condón a prevenir infecciones “silenciosas” o sin síntomas?
Muchas ITS son asintomáticas, lo cual significa que no causan molestias visibles, pero pueden transmitirse a otras personas sin que quien la porta lo note. Por ejemplo, hasta un 70% a 80% de mujeres y 50% de hombres con clamidia o gonorrea pueden no presentar síntomas. El condón reduce la probabilidad de transmisión incluso cuando no hay signos evidentes de infección.
Además, en virus como el VIH, una persona puede ser contagiosa antes de que una prueba detecte la infección o siquiera de tener síntomas. El uso sistemático de condones ayuda a bloquear la transmisión en estos periodos llamados de “ventana epidemiológica”. También reduce la posibilidad de reinfección entre parejas (a veces llamada “efecto ping-pong”) y limita la excreción viral en superficies de la piel en el caso de infecciones como el herpes o el VPH.
¿Qué prácticas aseguran que el condón funcione de manera óptima?
Para maximizar la protección, hay pasos simples pero fundamentales:
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- Abrir el condón con las manos, nunca con los dientes o herramientas afiladas, para evitar microdesgarros en el material.
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- Dejar espacio en la punta al colocarlo, presionando suavemente para expulsar el aire antes de desenrollarlo.
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- Usar lubricantes de base agua o silicona compatibles con el condón; evitar lubricantes a base de aceite que pueden debilitar el látex.
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- Al finalizar, sujetar el condón por la base mientras se retira para evitar deslizamientos y exposición a fluidos corporales.
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- Almacenarlo correctamente: el calor excesivo (por ejemplo, en billeteras o lugares expuestos al sol) puede deteriorar el material.
Si presentas flujo inusual, dolor al orinar, lesiones, picazón, verrugas, sangrado fuera de lo habitual o has tenido una relación de riesgo, no te automediques ni esperes a que “se pase solo”. Muchas ITS pueden no presentar síntomas al inicio, por lo que realizarse pruebas es clave.
En el Policlínico Socios En Salud (Policlínico SES), encontrarás atención confidencial, libre de estigma y con enfoque de derechos. Ofrecemos consejería, pruebas para ITS y acompañamiento médico con un trato respetuoso e inclusivo, especialmente para poblaciones históricamente discriminadas.
Cuidar tu salud sexual es un acto de responsabilidad y también de amor propio. Hacerse la prueba a tiempo puede marcar la diferencia.


